lunes, 23 de febrero de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
Las torres misteriosas
El otro día me pegó un frisbi al melón y nada más salir de la estación de Shibuya me puse a andar de frente dejando atrás todo el jaleo ese de pantallas y gente a puntapala, así sin rumbo fijo, por lo segao.
Llegué a una calle grande, y me dió por torcer a la derecha y seguir andando. La verdad es que no había ni una tienda ni nada, y la calle estaba en obras... vamos que aquello era más feo que el ombligo de un manatí, y yo con más hambre que el que perdió el abrelatas en Lost (anda que no le caerían yoyas a ese).
Y hablando de Lost, estaba ya desmayao cuando levanto la vista y de repente aparecen ahí unas columnacas puestas en el medio de la nada, bastante más altas que las casas de alrededor y con una pinta más rara que ni sé.
A mi lo que me vino a la cabeza fue John Locke pegando patadas a una para intentar abrirla y ver si asoma Desmond o qué...
Eso sí, el hambre no se me quitó, y en cuanto llegué a Shinjuku y vi un poco de civilización, me zampé un perolo de Ramén que no se lo saltó un rocín percherón.
¡Marcho, que he quedao!
By Toscano a las 10:56. 16 ikucomentarios
jueves, 19 de febrero de 2009
El incidente
Hay que ver cómo somos, los líos que nos hacemos en la cabeza nosotros sólos... resulta que lo pasé mal durante dos clases de Karate seguidas con el mismo profesor y desde ese mismo momento mi mente ya tomó la decisión de no volver más. Y cuanto más pensaba en ello, más terrible parecía lo que en realidad pasó. Hasta que me planté y me obligué a luchar conmigo mismo para desentrañar las razones por las que le había cogido tanto miedo a la situación, y si de verdad era para tanto.
Así que dándole cancha a la sensatez añadiéndole mucho coraje, me presenté allí el viernes pasado dispuesto a lidiar con lo que se me pusiese por delante. Porque uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, y además a veces coincide que se encuentran las ganas.
Pero el tan temido profesor no vino, y me sorprendió ver que lejos de sentir alivio, lo que en realidad estaba era decepcionado por tener que esperar una semana más para plantarme delante de un miedo que sigue estando ahí, y que necesito que desaparezca antes de que siga creciendo.
Y resulta que cuando menos lo esperaba, este lunes, pasó algo que superó holgadamente a lo que fuera que fuese que pasó con el profesor de los viernes.
Este primer día de la semana no tiene mucho éxito, no solemos estar más de 5 o 6 alumnos mientras que el resto de días la cifra se multiplica por dos o tres. Ignoro la razón... ¿quizás los lunes hay trabajo atrasado que sacar adelante en la oficina?. Este lunes por no venir, no vino ni el profesor, así que uno de mis compañeros de clase tomó el relevo y al final de una clase bastante dura, nos mandó hacer combate entre nosotros. Al segundo o tercero, a mi me tocó con otro señor mayor y estuvimos peleando un rato hasta que le di una patada en el estómago. No fue fuerte, pero le entró de lleno y el hombre se quedó boqueando. Yo le pedí perdón y el profesor me echó la bronca porque no supe tener control, quizás no le faltaba razón.
Y a partir de ese momento, pasó lo que nunca pensé que pasaría: mi compañero empezó a insultarme, a hablarme en un japonés muy rudo gritándome que no estábamos en un campeonato del mundo, que qué me había creido. Me llamó cosas que suenan entre tonto y gilipollas ("aho", "baka") como veinte veces seguidas, que a quién se le ocurría pegar así, que no sabía controlar mis patadas... que yo que sé. El profesor, lejos de cortarle, aunque es cierto que también estaba sorprendido, le daba la razón y seguía leyéndome la cartilla.
Yo callaba, pedía perdón cuando había oportunidad y miraba al suelo, menuda bronca me gane.
La clase acabó, saludamos y yo me fuí directo al vestuario. Lo que quería era irme de allí lo más rápido posible porque mi paciencia estaba llegando a un límite. Pero todavía fue peor: dentro del vestuario siguió con su retahila de insultos combinados con quejidos sobre sus costillas que daba la impresión de que se las había roto en veinte cachos.
Su tono era despectivo a más no poder, tanto que parecía que me iba a escupir de un momento a otro. Aunque el momento cumbre fue cuando metió "gaijin" entre medio de alguna frase, con lo que ya lo acabó de bordar.
Él se cambió y se fue antes que yo y el resto de compañeros me miraban en silencio intentando adivinar mi reacción, que no fue otra que despedirme y marcharme con la cara muy seria, aguantándome las ganas de gritar cuatro verdades.
Estaba montándome en la bici cuando una compañera vino donde mi y me dijo que no me preocupase, yo le di las gracias y para tratar de animarme se le ocurrió darme dos plátanos de los cuatro que llevaba en la bolsa.
Al llegar a casa, recibí tres mensajes, todos diciéndome que no me preocupase lo más mínimo. Dos de dos compañeros, y el tercero del profesor.
Cené dos plátanos.
Y no dormí nada en toda la noche.
Por más vueltas que le doy, lo que ocurrió no fue más que que le di una patada a un compañero que no fue para nada fuerte aunque quizás debería haberla controlado un poco más. Y al darme cuenta que le había hecho daño, le pedí perdón con toda sinceridad porque nada más lejos de mi intención que hacer algo así a propósito.
Lo que él vió fue que un chico jóven, no tengo claro si le importó que fuese extranjero o no, le perdió el respeto a las canas con su recién estrenado cinturón negro y se atrevió a darle una patada de la que ni se dió cuenta hasta que le alcanzó. Y si eso le dolió físicamente, más le dolió en el ego ese que se ha labrado durante tantos años de desgastar el cinturón, y eso le hizo olvidarse de aquella frase del dojo kun que dice que "hay que respetar a los demás y seguir las normas de etiqueta" y se creció insultándome como no lo habían hecho nunca hasta aquél día.
Si hubiese sido otro tiempo y, sobretodo, otro lugar, habríamos acabado muy mal.
Ayer, enfrentando la situación, no fuese a ser que se convirtiese en otro miedo más, volví y la clase la dio Hirokazu Kanazawa, y sin él saberlo, me disipó de golpe toda duda que pudiese tener sobre si soy uno más allí desde hace dos años.
Por mi, ya pueden juntarse todos los que quieran y ponerse a sumar sus egos, porque no podrán con el mío. Sea viernes, lunes o fiestas de guardar.
Eso si, que luego no me vengan con historias, porque hay cosas que no se pueden olvidar.
Y si, también es por principios.
By Toscano a las 12:28. 28 ikucomentarios
FlaGambiter Tour 2009
Flapy da más vueltas que el sastre de Bud Spencer, y es que este hombre una vez pensó en estarse quieto, pero se le pasó pronto, afortunadamente para nosotros por cierto.
El caso es que Fla ha estado haciendo un Gambiter Tour de los suyos por China, y se ha pasado por la apertura del diafragma a todos los sitios esos que sólo él se sabe porque es un tunante de los calcetines a las cutículas.
Y como los de eDreams saben que Fla es mucho Fla, se les ocurrió que qué mejor forma de promocionar su nuevo videoblog que lanzar la serie de "Flapy en China" con videos que ha ido grabando durante su gira. De su estilo, si, ese en el que pone alguna gachí de vez en cuando.
Así que si juntamos el buen hacer de Fla, su experiencia en esta clase de viajes, y las ganas que le pone a todo, entonces nos sale:
Encima va y se acuerda de acordarse de nosotros, y coge y se saca una peazo de foto con la Cienpiés Cyán en el centro de la plaza central de Xian, que está entre la torre de la campana y el tambor:
By Toscano a las 3:29. 10 ikucomentarios
miércoles, 18 de febrero de 2009
El gatostiable
Jodé, soy peor que un ministro, no hago más que inaugurar historias que luego no valen para nada... pero bueno, en fin, yo me entretengo.
El caso es que no podía dejar pasar por alto a semejante aberración mascotil, a tamaño esperpento desfigurado, al engendro caraflauta que ha resultado ser el icono de la ternura para todas las niñas del mundo (y hermanos del tipo del de Mauricio). Me estoy refiriendo, cómo no, al:
Ojo: sube el azúcar, es altamente empalagante sólo de mirarlo
- El bicho está desfigurado: no tiene boca, esto es así. Mientras nosotros bostezamos, parlapuñeamos, sacamos la lengua y el chino de mi curro pastababea, el bicho este no hace nada. Caries no tendrá ni una, eso fijo.
- Tiene visión periférica, vamos, que si le separan los dos lunares esos que tiene por ojos otro medio kilómetro lo mismo vé de espaldas.
- Se hace llamar "Hello Kitty", lo que es la mayor gilipoyez que se le pudo ocurrir a alguien. Es como si yo digo que a partir de ahora me llaméis "Aupa Toscano" siempre. Aupa Toscano, si vas a salir trae el pan. ¿Está Aupa Toscano? que se ponga. Aupa ahí Aupa Toscano...
- El lazo rojo ese que lleva es tri-odiable y policursi, y da igual que vaya en globo o que esté en el fondo del mar, que no se le mueve ni pa Dioh.
Y lo peor es que estamos totalmente rodeados del Aupi Gato este de los tamagos, así que en esta nueva sección que inauguro hoy por la mañana con la fresca, iré analizando todos esos productos que han tenido la desgraciada idea de poner al bicharraco en su diseño. Es algo así como la de la madre de Peneke pero en gatomudolby surround 5.1.
Ahí vamos:
By Toscano a las 2:02. 34 ikucomentarios
martes, 17 de febrero de 2009
La mejor foto de Enero
Por cierto, cómo odio el frío...
Otras temperaturas:
By Toscano a las 2:56. 6 ikucomentarios
lunes, 16 de febrero de 2009
Te pido perdón
Te tengo que pedir perdón porque miento cuando digo que soy de Bilbao, y tú sabes que no es verdad mejor que nadie. Porque tuyas son las calles que he ido pisando con cada nuevo número de pie que iba estrenando.
Porque aunque no te lo creas, me acuerdo del día en que un vecino me dejó su bici y fui capaz de dar muchos pedales antes de caerme al suelo, y corrí escaleras arriba a decirle a mi madre que me quitase las dos ruedas pequeñas de atrás de la mía, porque ya me había hecho mayor y no las necesitaba. Y sé que tu me has guardado el secreto de todas las veces que me caí por no querer admitir que había sido demasiado pronto.
También sé que sabes que ponía clavos en las vías del tren para hacerme navajas con mis amigos, y después íbamos al jardín de la casa abandonada, el "chalet", para cortar ramas de los árboles pequeños y hacernos flechas. Y, como a la mayoría de los que jugábamos donde ahora tienes el ayuntamiento, me has visto caerme a la vieja piscina y tratar de salir entre sapos, musgo y lágrimas.
Cuando por fin mi madre se pudo sacar el carnet de conducir, el R7 de la familia eras tu el que lo vigilabas, y nos dejabas salir de vez en cuando para ir a la playa de Castro Urdiales en viajes de mil curvas y mareos, y cintas de música, de noventa, para no tener que darles la vuelta más de un par de veces.
La mitad de mis amigos iban a la otra escuela que albergabas, y ellos empezaron a estudiar inglés unos años antes que yo, así que seguro que te reiste cuando César me puso aquel mote de "Koki" porque aquél día estudiaron cómo se decía "galleta" en inglés y el sonido le pareció lo suficientemente gracioso como para adjudicármelo de nombre. Recuerdo como algunos amigos llamaban y preguntaban por Koki en vez de por Oskar, y mi madre decía que allí no vivía nadie con ese nombre, y Javi se reía.
Quizás no sepas que cuando volví a verte en navidades, todavía hubo gente que me llamó así después de 20 años.
Sabrás que Mari Carmen y Maribel, las chicas de la librería de al lado del portal de casa, me guardaban los tebeos de Goku que recogía cada viernes, y llevaban la cuenta que, en teoría, yo pagaba a fin de mes aunque muchas veces lo hacía mi madre, lo que tampoco importaba mucho porque el dinero de mi paga venía del mismo sudor.
Y seguro que sonreirás con la misma ternura con la que lo hago yo, cuando te hable de la tableta de chocolate que mi padre siempre dejaba en la vieja caja de galletas María recortada de dentro del armario, y que yo me comía a escondidas, y él reponía. Y ninguno decíamos nada.
Acabé de estudiar en tu escuela quizás demasiado pronto porque quisieron que me hiciese adulto de golpe al llegar al instituto mientras yo trataba de encontrar el equilibrio entre sentirme tan mayor, tan hombre... y otras veces con tanto miedo o más que cuando era niño sin importar los cumpleaños que íbamos celebrando juntos.
Casi todas mis primeras veces fueron contigo: ver la nieve, aprender a nadar, mis amores, los desengaños, las amistades...
Recuerdo noches comiendo pipas con el Pirri en el banco de al lado del Batzoki planificando amoríos. Me vienen a la mente paseos hasta casa de mis abuelos, la niebla más espesa que haya visto nunca, viajes interminables en tren, tardes yendo a la piscina con César, el que me puso Koki, y cenas de palmeras de chocolate. Charlas con Borja y con Dani al salir de karate lo que hacía que mi madre, resignada, dejara la cena metida en el microondas sabiendo que tendría que recalentarla de todas maneras.
Aunque ahora me parece mentira, me acabo de acordar que hice la mili en la Cruz Roja donde aprendí junto con Gorka, Chema e Iñaki la teoría sobre cómo reanimar a una persona, aunque lo que más hacíamos era jugar a la playstation.
Esté donde esté, sé que tengo un lugar al que volver, que eres tu. Así que, Zalla, te tengo que pedir perdón por decir que soy de Bilbao, ¿pero sabes que pasa?, que aquí nadie te conoce y es más fácil no tener que andar con explicaciones.
Al fin y al cabo tu esperaste a que me fuera para poner un cine, así que estamos en paz.
By Toscano a las 2:08. 30 ikucomentarios
domingo, 15 de febrero de 2009
¿Ande anda Toscano?
By Toscano a las 2:45. 14 ikucomentarios
sábado, 14 de febrero de 2009
Doritos al Wasabimayonesa
¡La novedad en snacks!, o como diría mi madre: "mierdas y guarrerías de esas que comes tú por ahí y luego no cenas, tonto pelao".
Pues eso,
No es la primera vez que como algo con sabor a wasabi, y aunque estos Doritos sólo sabían un poco, me acuerdo de unas patatas que comí un día que aquello era como comer wasabi a cucharadas. Se me quitaron los mocos para dos meses, no os digo más.
By Toscano a las 2:57. 9 ikucomentarios
viernes, 13 de febrero de 2009
Cartelada
By Toscano a las 2:46. 15 ikucomentarios
jueves, 12 de febrero de 2009
Por principios
Cuando llegué aquí me quería comer Tokyo: quería hacer absolutamente de todo, ir a todos los sitios y rincones que no pude visitar la última vez, probar todos aquellos platos que no tuve oportunidad, aprender y hablar cada vez mejor japonés, hacer muchos amigos, o pocos pero que fuesen de verdad y a poder ser que no hablasen mi idioma...
Así que cuando se me puso a tiro la oportunidad de tener una profesora de japonés particular, la aproveché sin dudar. Y así fue como todos los viernes, de siete a ocho de la tarde, una chica que no acertaba muy bien a acordarse de mi nombre intentaba, sin éxito, enseñarme a distinguir entre los sonidos 'yu' y 'jyu'.
Luego vinieron las clases de Karate que cogí con muchas ganas, y que eran especialmente duras al principio cuando no me enteraba ni papa de lo que pasaba la mitad de las veces. Fueron días duros, mucho más que ahora, tanto que hasta lo pasaba mal sólo de pensar en que tenía que ir. Más que físicamente, por la horrible sensación de estar donde quizás no debería, de pretender estar haciendo más de lo que me corresponde, de tener que enfrentarme de nuevo al japonés y al inglés como si tuviesen algo que ver con mi idioma y conmigo.
Entonces alcanzaba a ir dos veces por semana, y ni siquiera me planteaba pasarme por allí a ninguna de las clases de los sábados y domingos.
Pero yo sabía que quería, que debía estar allí y también que no iba a ser fácil empezar de nuevo desde cinturón blanco, así que con libros y PDFs descargados de internet e impresos de refilón en la oficina, pasaba las noches en casa delante del espejo ensayando movimientos, reaprendiendo katas y contribuyendo un poco más a la fama de raro que ya tenía entre los vecinos desde hace tiempo. Todo para alcanzar el nivel que se requería, para que fuese más llevadero empezar a empezar a aprender.
Y fue ya con el cinturón marrón sujetándome los pantalones, cuando decidí que había que tomárselo un poco más en serio, y me planteé ir tres veces por semana: lunes, miércoles y ahora también los viernes.
Pero claro, este día tenía clase de japonés y la profesora, además, le daba clases a otro de la oficina después de mi. Total: revolucioné a la sensei, a media oficina y a la mitad de su agenda de alumnos para cambiar las clases a los jueves.
El primer viernes que fuí había un profesor que no había visto nunca antes, un señor mayor al que saludé y que me ignoró por completo. Después vi que ignoraba a todos. En medio de la clase me pegó una patada en el muslo gritándome algo en japonés y yo no entendía nada. Después de darme cuatro gritos más por fin me di cuenta de que tenía la posición cambiada, así que la corregí. No recuerdo si me dolió la pierna, pero si sé que su patada acertó de lleno en mi orgullo.
El segundo viernes que fuí nos mandó sentarnos a todos y fue sacando a la gente por cinturones. Primero los blancos, luego los azules... cuando llegaron los marrones y yo me disponía a levantarme, él señaló sólo a una chica y le dijo que se levantase. Cuando acabó ella, sacó a los cinturones negros y al ver que yo seguía sentado me gritó que porqué no me había levantado cuando tocaban los marrones. Yo sólo alcancé a disculparme, aún sabiendo que fue culpa de él porque simplemente no me vió. El resto de la clase ni me miró, y eso que no dí pie con bola.
No hubo un tercer viernes.
A mis tardes/noches se sumaron las clases de la ceremonía del té y todos los días hacía algo... menos los viernes. Empecé a ir sábados por la mañana e incluso domingos, con lo que he estado hipotecando los fines de semana en su mayoría al no poder salir o estar demasiado cansado físicamente parar hacer algo en condiciones.
Siempre evitando las clases de los viernes.
El miércoles pasado un compañero todo escandalizado me dijo en el vestuario: "Oskar, quita tu ropa de ahí, madre mía". Resulta que estaba utilizando la taquilla del profesor simpatías, que por lo visto tiene una para él sólo, y me dijo "menos mal que no es viernes, lo mismo te echa".
Y entonces es cuando yo pensé que este hombre es pura fachada, que se ha ganado esa fama y se aprovecha de ella y que yo tengo una forma de ganarle que, desdeluego, no es quedándome en casa.
Así que a partir de esta semana, me volverá a ver por allí los viernes porque ya llevo tiempo aquí, ya sé lo que quiero y ya estoy preparado para aguantar lo que me eche.
Para que todo el jaleo que le preparé a la profesora de japonés y a mis compañeros no haya sido en vano. Para poder descansar los fines de semana y volver a hacer excursiones, o salir o lo que me apetezca sin haber descuidado mis clases.
Porque ahora cometo una cuarta parte de los fallos del principio, y las cosquillas que me busque serán bienvenidas si eso me ayuda a mejorar.
Porque ahora entenderé la mayor parte de lo que tenga que decirme si consigo ponerle un filtro a sus gritos y sus maneras.
Porque es un reto.
Pero sobretodo, por principios.
By Toscano a las 0:53. 31 ikucomentarios