lunes, 27 de abril de 2009

En un pueblo perdido de Saitama

Daba igual que me hubiese dado un baño de agua caliente y cenado dos horas antes, que por mucho que quisiese no había manera de dormirme, y al día siguiente seguramente al despertador le iba a importar poco cuando a eso de las cinco de la mañana activase el mecanismo diseñado para su cruel objetivo.

Y es que tenía competición de Karate en Saitama, en algún perdido lugar a unas tres horas en coche desde Tokyo. Casi nadie iba a ir porque era más bien un campeonato de pueblo con escaso interés y quedaba tan a desmano que iba a ser toda una odisea llegar hasta allí. Aún así yo me apunté, porque al final es una parte muy descuidada de nuestro entrenamiento y siempre viene bien que a uno le den una hostia de vez en cuando para saber que todavía queda mucho por espabilar.

Resulta que finalmente muchos padres apuntaron a sus hijos y, como suelen hacer los progenitores en este tipo de eventos, convirtieron la competición en una excursión totalmente organizada con coches y onigiris de sobra para medio Japón.

Cuando me senté en el asiento de atrás de aquel Nissan familiar y vi que a mi lado estaba el que me afinó la jeta en do menor en el último campeonato, ya supe que el día iba a ser interesante:

- Hola Oskar, buenos días
- Hola (no me acordaba de su nombre, y el video de Fran me venía una y otra vez a la mente, así que me aguantaba la risa como podía)
- ¿Te presentas a las dos? (Kata y Kumite)
- Si, ¿nos tocará juntos otra vez?
- No, esta vez estamos en distintas categorías porque aquí va por edades
- Ah vale, ganbatte ne
- Hai

Pensé en que con esas gafas se parecía a Steve Urkel venido incluso a menos. Es igual, mi mandíbula ya no me ha vuelto a dejar fiarme de las apariencias.

En el asiento de enfrente había un chico de unos diez años, tan educado que no parecía un niño. Y de capitán de la nave estaba un compañero de Karate que realmente me sorprendió saber que era todo un señor padre, ¡si aparentaba mi edad!. Aunque ahora que lo pienso, yo ya tengo edad para ser uno también... eso si, de algún año menos que diez y espero que un poco más trasto, porque este metía miedo con sus reverencias.

Cuando íbamos por la autopista a unos 140 Km/h me vino a la mente que leí hace poco en algún sitio que el límite en todo el país era de 80 y entonces intenté buscar alguna señal de límite de velocidad y me sorprendí al no ver ninguna durante ese rato. Mis ojos se fueron al GPS y equipo de música y entonces el conductor, que me vió por el retrovisor, me habló:

- Oskar, perdona por la música
- ¿Eh?, no no, si está bien
- Es que a mi hijo le gusta Naruto y no me he dado cuenta de que son los únicos minidiscs que tengo en el coche
- Jaja, sin problema, no te preocupes que de verdad que está entretenida

Con algunas cabezadas y parada en área de servicio de por medio, llegamos a nuestro destino, establecimos el campamento base en una esquina de las gradas, nos pusimos el traje de faena y nos dedicamos a calentar y estirar mientras seguíamos la competición de Katas de los niños.

Alguien comentó que no saldríamos hasta muy tarde, así que nos fuimos a comer pero cuando estábamos a mitad, nos llamaron por megafonia. Con la barriga medio llena y la digestión a medio hacer, ocho alumnos del dojo de Kugahara nos pusimos enfrente del arbitro a hacer katas. Y tampoco salieron tan mal aunque yo perdí en la primera eliminatoria al acabar como a dos pasos de donde empecé...

Es igual, todavía quedaba el kumite donde además habremos acabado de comer en condiciones y sabía que no me iba a tocar con el que me enfiló una ondonada por el estribor del morro, así que la cosa pintaba bien.

Comimos, nos reimos, nos dormimos, estiramos y calentamos aunque seguro que no por este orden. Y del aburrimiento acabamos haciendo dos filas y ensayando ataques entre nosotros en lo que fue, sin duda, lo mejor de todo el día.

Un montón de tiempo después nos llamaron, por mi nombre como pudieron, y nos dividieron en dos grupos. A mi me tocó en el de los rojos, lo que, estúpidamente, siempre me da ánimos. Me puse el dichoso casco, intenté olvidarme de la sequedad de mi boca y entré en el tatami cuando dijeron mi nombre. Enfrente no habia nadie. El que me tocaba no se presentó y yo gané el combate de la peor manera que hubiese querido. Así no, hombre.

Un par de combates después me volvió a tocar, y esta vez con alguien delante, un compañero de mi dojo al que creía que le tenía el truco pillado. "A este con esperarle vale, porque se pone nervioso y hace cualquier cosa sin pensar, tu para y contraataca" pensaba yo desde detrás de ese odioso casco que se empañaba más y más con cada respiración. Atacó, vaya si atacó, y a lo loco además, haciendo que yo retrocediese tanto que me salí del tatami. Primera advertencia.
Es igual, yo sigo en mis trece, va a lo loco y no va a acertar. Pero la situación se repitió y mi patada apenas le rozó. Segunda advertencia, punto para él. Llegó el momento de cambiar de estrategia, ¡a por él!. Empecé a atacar, una patada, un puñetazo, parada y contraataque. El casco se empañaba cada vez más, mi respiración hacía tiempo que no sabía por donde andaba, pero yo no paraba. Esta vez fue él el que se salió del tatami. Y como si nuestras estrategias se hubiesen intercambiado, en mi segundo ataque le alcancé con la pierna en la cara pero él hacía tiempo que me estaba esperando y me dió un puñetazo en el estómago que me alcanzó de lleno instantes antes.

Me ganó limpiamente en un combate bonito y, sobretodo, justo. Salí contento a pesar de no haber sido capaz de ganar nada, y con muchas ganas de volver a entrenar y pensar en todo lo que debe ser mejorado: ese kata que no acaba donde empieza, ese retroceder en línea recta en vez de en círculos...

Cuando llegó la hora de dar los premios y dijeron mi nombre, me acerqué al estrado con cara de póker. Había olvidado que en realidad gané un combate, por deserción, y que por azares de la vida y escasez de contrincantes había quedado tercero. Recogí el diploma y la medalla que más injustamente me han dado en la vida y los metí en la bolsa entre aplausos que se me antojaron los más irónicos que me han dado nunca (anda que como si me hubiesen dado muchos).

Ayer cuando por fin llegué a casa, abrí la bolsa y los coloqué con cuidado en el tatami, los miré y me reí. Y es que sé perfectamente que este diploma está muy lejos de demostrar que hice una buena competición. Pero también sé que acredita una gran experiencia compartida con mis compañeros en un pueblo perdido de Japón donde pasé un día que tardaré en olvidar, haciendo katas con la barriga llena e inventando ataques imposibles.

Y lo que es más importante, esta medalla me recordará todos los días que voy a tener que hacer mucho más para merecérmela.

Empezando por esta misma tarde.






17 Ikucomentarios by la patilla
quicoto dijo...

Leyendo tus palabras me he sentido dentro del combate. Recordando mis patadas y puñetazos de taekwon-do, tiempo atrás :)

Un saludo y a seguir entrenando!

Iñaki dijo...

Tu tranquilo que no pasa nada, estas cosas pasan y ademas de todo se aprende.

Y ademas como dice Confucio "Nuestra mayor gloria no está en no caer jamás, sino en levantarnos cada vez que caigamos". que no decaiga el animo.

Ah por cierto este sabado he estado en la fiesta cultural del Japon en la Casilla de Bilbo, y bueno yo creo que no era le mejor sitio para realzar ese acto, creo que ha estado muy deslucido el tema pero bueno.....

Animo y cuidado con el que te afino l ajeta en do menor je je je je je.

Fer dijo...

Tienes una capacidad de desarrollo muy entretenida, podrías escribir un libro sólo con tus anecdotas!

Lo que más me ha gustado es el diploma, que bonito! Pero sólo entiendo el kanji de Karate...de lo demás absolutamente nada,que penita de mi.

Felicidades por la medalla, que quieras que no te la has merecido,aunque sea sólo por ir escuchando la música de Naruto durante todo el viaje de ida y arriesgándote la vida en ese coche!

Chiqui dijo...

La cosa es que vas mejorando...laprimera te dieron un rejostio del copón y ésta te fuiste entero y todo (con un pequeño dolor en la barriga)...poco a poco loco...poco a poco...

Un abrazo!

Dat dijo...

Estoy contigo, bonito relato que recordarás cada vez que mires a tu medalla o a tu diploma.. porque "merecidos" o no, son tuyos txabalote, y ganados con tu esfuerzo.. Y además esa aventura única..

Ya tendrás ocasión de demostrar(como te hubiera gustado a ti) el por qué ya posees una medalla.. ;)

Besitos.

lorco dijo...

Al menos esta vez podías comerte la cena sin problemas. Y di que si, quedar tercero no es tan malo, fuere como fuere.

Por cierto, soy yo o has cambiado la cabecera???

Nacho dijo...

Pues enhorabuena por haberte animado a ir...

Toscano dijo...

Bueno, al final también hubo que estar ahí pegándose el madrugón, el viajecito, sufriendo los nervios... así que me quedo con ello como recuerdo de la experiencia. No es como si me lo mandasen por correo como si fuese publicidad como dijeron por ahí, ni mucho menos.

Pero para la próxima a ver si puede ser porque de verdad lo gane.

Gracias chatos!

T.M. dijo...

Tú mismo dices que ganaste el combate de la peor manera que hubieses querido y a eso me refería cuando dije que ganar así sin competir era como si te lo dieran de "chufla"o te lo mandaran junto con la publicidad en el correo , pero solo me refería a ese hecho en concreto no a que no te lo merecieras. No quiero hacer más largo el comentario espero que hayas entendido lo que quería decir.

Últimamente me las das todas en el mismo carrillo.

un ikubeso.

Toscano dijo...

Que no me lo merezco lo tengo claro porque no gané ningún combate, pero de ahí a restarle valor al premio en sí diciendo que es como si fuese propaganda va bastante. Que no me lo merezca no significa que no lo aprecie, y de hecho lo aprecio como lo que es: un aliciente para que el siguiente me lo merezca. La propaganda del buzón no es algo que aprecie demasiado, la verdad.

Y no volveré a decirlo, porque ya van unas cuantas veces, así que ahí va por última vez: todo esto lo digo de la mejor de las maneras posibles, sin estar en absoluto picado y sin tener en absoluto nada personal contra tí ni contra lo que me has dicho. Simplemente contesto a algo con lo que no estoy de acuerdo o no he entendido.

Besos en el carrillo ese donde dices que te doy no se qué!

T.M. dijo...

Vale yo también contesto a algo que no estoy de acuerdo.
Y viendo que estamos de acuerdo en lo que no estábamos de acuerdo pues ná aquí paz y allí gloria.
:) ;)

Un ikubeso.

Pau dijo...

Este post tan largo me lo había guardado para leerlo tranquilamente.

Pues una medalla de esas que daban antes en el colegio jejeje. Ni te diste cuenta que estabas en la final, serás pataliebreak.

Siempre te puede recordar que debes mejorar y que a la próxima va la vez de verdad.

Un abrazo y disfruta de la Golden Week!!!

Jonathan ホナトアン dijo...

Si no querias la medalla ,no la aceptes.

Le dices que no la mereces,por que no has ganado ningun combate limpiamente.

Ya que la has aceptado,retale y si te gana dale la medalla.

Ya que le viste,¿le retaste a un combate amistoso despues de la competición?

Jonathan ホナトアン dijo...

Me parece que te iria bien la tecnica de combate del luchador borracho (luchar borracho) que he visto en algun anime.

¿esiste tal tecnica?

Toscano dijo...

...

Toscano dijo...

Mentar a la madre que me parió es poco!

jodé con Matías!

almu dijo...

¡Cómo que no la mereces! Claro que es tuya y la has ganado. ¿Acaso le dijiste a tu contrincante que no se presentara? ¿Le amenazaste para que no apareciese? Podías haberla conseguido tras una bonita pelea pero no te lo permitieron. Así que disfrútala porque la has ganado limpiamente ;)




¡Ay madre, que de letras!
¡Tengo miedo!



Buuuuuuuuuurp!